Marcela Turati planteó el desafío de narrar de tal forma que cada vida siga importando

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“Tras tantos crímenes empezamos a ver normal todas las noticias: 72 migrantes asesinados, un casino con más de 50 muertos, una fosa común con más de 200. Un desafío es cómo narrar para que cada persona siga significando, que sigan importando, para que no haya acostumbramiento social a la muerte”.

Así lo planteó la periodista mexicana Marcela Turati Muñoz, integrante de la Red de Periodistas de a Pie, al cierre de la primera jornada de la 11 Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas.

(Buenos Aires, 29/08/2013; 18:30hs) “Corresponsables de guerra en el propio país”. Con esta frase define Marcela Turati la tarea que les ha tocado desarrollar a los periodistas de México durante los últimos años, a partir de que el ex presidente Felipe Calderón lanzó, en el año 2006, la llamada “guerra contra el narco”, que hasta el momento causó al menos 27.000 desapariciones de personas, desplazamientos internos de poblaciones enteras, más sesenta periodistas asesinados y atentados a cincuenta medios de comunicación.

Reportera de la revista Proceso, desde la cual cubre asuntos relacionados con derechos humanos, Marcela Turati Muñoz se especializó en los impactos sociales de la violencia. Autora del libro “Fuego cruzado: las víctimas atrapadas en la guerra del narco”, fue invitada por la asociación civil Intercambios a la 11 Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas para exponer sobre  “El rol de la prensa en el tratamiento del tema drogas”.

Con la moderación de Sebastián Ortega, integrante de InfoJus y del sitio Cosecha Roja, su conferencia convocó a periodistas y activistas de derechos humanos que, en un silencio atento y emocionado, escucharon un relato sobre el aprendizaje de informar en ese contexto.

A continuación, los principales fragmentos de su exposición:

Ejecutómetro. “Los asesinatos llegaron a ser tantos que creamos una figura macabra que cuenta la cantidad de ejecutados por día. Es una tarea indispensable y, en algunos lugares, imposible”.

Redes sociales. “Hay zonas del país que se han convertido en zonas de silencio. No se puede publicar el número de muertos, y mucho menos las relaciones entre policías y narcos, ni su financiamiento político. Ahí lo que sabemos es gracias a lo que muchos ciudadanos hacen circular en las redes sociales. Es la gente común que se vuelve periodista para que algo se sepa”.

Voces del poder. El crimen organizado intenta imponer su visión y publicita sus crímenes. Mientras tanto, funcionarios de gobierno repiten a la población: “No se preocupen, se están matando entre ellos”; “algo habrán hecho”. O, incluso, “son daños colaterales de la guerra contra las drogas”.

Exterminio. “Que alguien sea narco no es motivo para matarlo. Pero, además, la mayoría de los muertos no lo eran. Muchas veces las familias nos dicen: “Nosotros apoyábamos al Presidente en su cruzada, pero no así, no sacando al Ejército a una guerra en las calles”.

Las causas de la guerra. Estábamos cubriendo el humo de un incendio, pero no estábamos viendo el fuego. Nos dimos cuenta que el tema de las drogas no es sólo policial; es social, político, económico. Empezamos a hablar de las causas sociales, a presentar en forma reflexiva la cultura de admiración hacia los narcos,  a intentar fiscalizar a políticos, empresarios y al sistema de Justicia corrompido, porque no hay peces gordos en prisión por temas de drogas. Nuestro aprendizaje fue tardío, pero en eso estamos… en contribuir con información a que se abran los debates que se tienen que dar”.

Red de Periodistas de a Pie. “Nos organizamos frente a la emergencia. La mayoría somos mujeres periodistas, que antes cubríamos pobreza. Vimos la necesidad de unirnos, capacitarnos, brindar contención a colegas en las zonas calientes… y un día nos dimos cuenta que estábamos marchando por la desaparición de compañeros periodistas”.

Visibilizar a las víctimas. Se estaba dando voz sólo a los victimarios, sean funcionarios o militares. Desde la Red de Periodistas de a Pie comenzamos: el parque donde asesinaban a un joven, la gente que no volvía, esa cancha de fútbol donde ya no se jugaba nuevamente… Aprendimos que es importante mantener la bronca y la esperanza. No sólo presentar las noticias del horror, sino también presentar las noticias de resistencia”.

Mostrar los efectos. Emprendimos el camino de contar qué pasa dentro de la familia a partir de las desapariciones: cómo niños han dejado la escuela, cómo se rompen lazos sociales, cómo aumenta la carga laboral, cómo se medica toda la familia”.

Desacostumbrarse de la muerte. “Tras tantos crímenes empezamos a ver normal todas las noticias: 72 migrantes asesinados, un casino con más de 50 muertos, una fosa común con más de 200. Un desafío es cómo narrar para que cada persona siga significando, que sigan importando, para que no haya acostumbramiento social a la muerte”.

Comisión de la Verdad. “A partir de organizarnos hicimos un libro y una página de internet sobre los 72 migrantes asesinados, con sus nombres y sus historias. También la página “Ciudadanos solidarios”, donde cada participante cuenta a través de las redes los asesinatos en su zona. Todos sentimos la urgencia de contar. Necesitamos contribuir. Es una Comisión de la Verdad en tiempo real”.

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Acerca de intercambiosnacional

Intercambios, asociación civil para el estudio y atención de problemas relacionados con las drogas, es una organización no gubernamental creada en la ciudad de Buenos Aires en 1995. Fue gestada por un equipo de trabajo, constituido por un grupo de profesionales con amplia trayectoria en el campo de los problemas relacionados con las drogas y el VIH/SIDA. Es miembro fundador de la Red Latinoamericana de Reducción de Daños y de la Red Argentina de Reducción de Daños. Anualmente organiza la Conferencia Nacional Sobre Política de Drogas
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